Después de intercambiar algunas ideas sobre nuestra propuesta, no dirigimos hacia Zurich. Nada más llegar vamos al encuentro de Brigitte Barrier-Theller, amiga de Wangchen. Después de charlar un rato sobre nuestro viaje, Brigitte sugirió que fueramos hasta el The Dolder Grand Hotel de Zurich, uno de los más lujosos de la ciudad. Allí nos esperaba curioso por conocer nuestra historia el fotógrafo suizo Michael Comte, autor de la imagen de un desnudo de Carla Bruni, primera dama francesa, que fue recientemente vendida por 91.000 en una subasta de Christie's de Nueva York.
En fin, el fotógrafo hoy afincado en Estados Unidos se mostró muy interesado en rodar una película que documente las horribles estrategias que utilizan las autoridades chinas para destruir la cultura tibetana y a los tibetanos. Le transmiti que echaba de menos el que nunca se hubiera producido un forum internacional sobre el Tibet a lo largo de los 50 años de su ocupación por parte del Gobierno chino. Michael Comte estuvo de acuerdo conmigo y propuso que trabajáramos en el sentido de crear un forum con esas características de cara al World Economic Forum 2010 de Davos y pensar en alguna acción de cara a la entrega de los OSCAR en 2009: organizar un encuentro, invitar a personalidades de distintas áreas de actuación, marcar una hoja de ruta... Estamos en ello.
Después del encuentro com Michael Comte el cuerpo ya nos pedía descanso. Wangchen y yo nos fuimos entonces a casa de Dechen, la presidenta de la comunidad de mujeres tibetanas de Zurich que está preparando también un encuentro con SS el Dalai Lama en su próxima visita a Suiza.
Que no nos lea Dechen, pero pasamos un mal rato al despertar el día siguiente. Ni corto ni perezoso, por la mañana me metí en la cocina para preparar el desayuno. Pensé que un café nos sentaría muy bien antes de empezar el día. Preparé la cafetera tipo express pero, para nuestra sorpresa, sobre todo, para asombro de Dechen, la cafetera dejó de funcionar. Dechen se enfadó muchísimo conmigo, pues para ella es in dispensable tomarse un café por las mañanas y, tanto Wanchen como yo, constatamos que aquella sencilla cafetera tenía un valor inestimable para nuestra anfitriona. Mis disculpas no la tranquilizaron. Al contrario. No dejó de regañarnos hasta que en el día siguiente, sin que sepamos todavía muy bien como, la cafetera misteriosamente volvió a funcionar. Y Dechen, a sonreir.
Con las paces hechas y el café tomado, nos despedimos de nuestra querida Dechen y salimos hacia Estrasburgo.

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